Si te subes a ‘La Noria’ a veces puedes vomitar


Hace tres fines de semana se armaba en nuestro país una polémica televisiva a causa de una desafortunada entrevista. No soy yo dada a publicar en este blog comentarios de opinión sobre el tema al que lo dedico, puesto que doy por hecho que en cuestiones sobre criminalidad la mayoría queremos lo mismo: vivir en una sociedad tranquila libre de delincuencia.

Sin embargo, en ocasiones resulta que por encima de los valores humanos algunos programas favorecen el morbo, que todo el mundo sabe que es un buen subidor de audiencias y que genera pingües beneficios en las cadenas, en una época en la que parece que ya no se pueden ver más cosas o que casi todo fue dicho. Y es que algunos confunden todavía libertad de expresión con ser maleducados…

El sábado día 29 de octubre, Jordi González en el progama “La Noria” entrevistaba a la madre de uno de los imputados por la muerte de la joven Marta de Castillo. Se trataba de Rosalía García, la madre de “el Cuco”. Antes del “día d”, la noticia había estado pululando por Internet, llenando las redes sociales de quejas. Voces que se alzaban contra la entrevista, calificándola de impropia e indignante, por citar algunos de los apelativos que recibió…

Sin embargo, aunque muchos quisieron boicotearla, esta se produjo y, al menos, no defraudó las expectativas de muchos: fue vomitiva. Pero independientemente de lo que esta señora dijera, es una madre y como tal se iba a dedicar a lo que solo una madre puede hacer: defender lo indefendible. Intentó describirnos a su vástago como un angelito, que no tenía nada que ver en el caso y que sólo se había convertido en una víctima de la policía, que le tendió una trampa.

Foto: Jordi González en uno de los momentos de la entrevista a la madre de El Cuco, que aparece de espaldas porque quiso ocultar su rostro durante el programa.

Si lo que pretendían era conseguir una exclusiva, intentar hacer el trabajo de la Justicia, confundir a la protagonista hasta hacerla hablar (recordemos el caso de El Programa de Ana Rosa con el juicio por el asesinato de Mari Luz), les salió “el tiro por la culata”. Así que los que decidimos hacer de tripas corazón y ver aquel esperpento, nos sentimos el doble de indignados con aquel testimonio. ¿Por qué? Porque no. No se puede dar cabida a una mentira, a un engaño. A personas que generan tanto sufrimiento.

Lejos de acabar el asunto con el término del programa, a la semana siguiente los periódicos se hacían eco de una noticia: muchas empresas habían decidido retirarle su publicidad a La Noria. Así que, dado el escándalo, al presentador del programa no le quedó otro remedio que dar explicaciones al sábado siguiente. Principalmente fue un alegato de “excusas baratas”, escudándose bajo el derecho constitucional referente a la libertad de información y utilizando viejos principios periodísticos: en un estado de derecho, para que la ciudadanía pueda forjarse una opinión sobre un hecho de importancia ha de conocer todos los aspectos de la noticia, dando cabida a todos sus protagonistas.

Sin embargo, bajo mi punto de vista, hay temas que atentan directamente contra la vida de las personas, como es el caso de la pérdida de una hija, dónde hay unas víctimas claras y unos culpables, y esos temas no pueden tener cabida en el debate social. No da lugar a debate, porque solo hay dos bandos, los dañados y los que han dañado. No hay posicionamiento. En un caso como este, que continúa abierto, lleno de mentiras, contradicciones y un menosprecio hacia el dolor de una familia, no es justo darle voz a los que son causa del dolor de unas personas. El sentimiento nacional imperante es de impotencia e indignación. La opinión que se tiene sobre estos chicos es la de que se están burlando de la Justicia, se están riendo de una familia que perdió a su hija, de una sociedad que empatiza con la pena de esas personas, porque se ve reflejada en ellas, porque como rezaban muchas pancartas “Todos somos Marta”. Y como tal, nos ponemos en el lugar de esos familiares y no nos gustaría que un programa de televisión invitara a la madre de unos asesinos, que se niegan a decir la verdad, a contar qué ocurrió realmente y a que la familia del Castillo pueda descansar en paz. Ella misma, Rosalía, se contradijo en varias ocasiones, evitó contar cómo fueron los hechos, qué hizo realmente su hijo aquella noche. Intentó retratarse como una víctima de todo esto cuando todos sabemos quiénes son realmente los perjudicados. He aquí lo que nos hizo ponernos enfermos y bajar de la atracción de feria.

Por eso Jordi, la gente hizo uso de su libertad de expresión, que está por encima de la libertad de información, pues es el derecho que la hizo nacer. El pueblo ha hablado y en el circo mediático ha lanzado su pulgar hacia abajo y ha pedido llevar a “La Noria” a los leones. Y los leones, en forma de grandes empresas multinacionales, han decidido retirar la publicidad al programa de Telecinco.  A día de hoy, “La Noria” se ha quedado sin anunciantes.   Esperemos que esta vez el Periodismo haya aprendido la lección.

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Acerca de azacajur

Periodista en ciernes amante de la justicia y en constante búsqueda por descrubrir la naturaleza del ser humano delictivo
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