INOCENCIA INTERRUMPIDA


Una historia de tantas

Verónica contaba con 8 años cuando comenzó a ser violada por su padrastro, pero el calor infernal en el hogar ya se notaba mucho antes. A sus cuatro primaveras tuvo la mala suerte de que su madre se enamorara de un expresidiario que le marcaría fatídicamente de por vida. Los malos tratos se convirtieron en abusos diarios, obligadas incursiones en la pérdida de la inocencia a través de amenazas continuas: le hacía comer sal gorda, la dejaba desnuda a la intemperie e incluso le pegaba con palos.

Un buen día Verónica le pidió a su padrastro que le pusiera una película de dibujos animados, pero sus ojos, perplejos, contemplarían algo que ningún niño debería contemplar a esa edad. Lo que vino después fue el desgarro de la inocencia, la infancia violada de una niña… algo que nunca hubo de suceder.

Verónica se convertiría en la cenicienta de un cuento sin final feliz. Con 9 años tuvo que abandonar la escuela para cuidar de sus hermanos y de su madre, siempre en la cama, a base de pastillas y viviendo en su mundo interior, ajena al sufrimiento que esas paredes albergaban y de las atrocidades que se cometían al otro lado de la puerta.

Le han robado la inocencia, pero no la humanidad. Dio su vida por sus hermanos y por la integridad de su madre. Mientras ella fuera la vejada, el cuchillo que descansaba bajo la almohada del depredador no probaría las carnes de su madre, ni el animal se acercaría a  sus hermanos…Pero un día éste quiso ir más allá de la línea que rebasa lo impensable, así  que Vérónica decidió que el infierno ya bastaba y que debía pasar a mejor vida: se tomó de una sola vez todas las pastillas que encontró a su alcance.

Afortunadamente, Verónica se salvó, pero pasaría bastante tiempo hasta que tuviera las fuerzas suficientes para atreverse a denunciar lo que sufrió. Hoy lleva más de 4 años esperando un juicio. Cuatro años llenos de amenazas cumplidas a través de palizas, por lo que se ha visto obligada a  abandonar el hogar ante la inseguridad de no saber si mañana ella y su familia amanecerán con vida.

 Verónica contando su testimonio en el programa de tv “Diario de”.

                                 http://www.cuatro.com/diario-de/programas-completos/

———————————————————————————————————–

El delito

En nuestro país, en torno al 20% de los menores han sido abusados. Según el autor Finkelhor, 1 de cada 4 niñas y 1 de cada 7 niños son abusados antes de los 16 años de edad, cifras que ponen, sin duda, los vellos de punta. Tradicionalmente sexo e infancia han sido dos términos diametralmente opuestos, por lo que el abuso infantil ha sido una tipología del maltrato tardíamente estudiada, dado el escándalo social que suponía, y aún supone, un delito de estas características.

Mantener relaciones sexuales con menores es un delito porque la asimetría de edad impide la verdadera libertad de decisión del menor, dado que no posee madurez biológica, y en relación con el otro participante tienen expectativas y experiencias muy diferentes. Siempre que exista coerción o asimetría de edad o ambas condiciones, las conductas sexuales de un indivio sobre otro serán consideradas abusivas. Nuestro Código Penal de 1995 no hace distinción directa entre el abuso sexual y el abuso sexual en menores.

El abuso infantil supone un problema de ámbito internacional que traspasa fronteras, culturas y clases sociales. Los estudios indican que la mayoría de las víctimas son de sexo femenino y los agresores de sexo masculino. Existen mayor cantidad de niñas abusadas en el entorno familiar (incesto) y mayor cantidad de niños en el extrafamiliar (pederastia).

La agresión

La franja de edad en la que los menores resultan más vulnerables para los abusos suele situarse entre los 6 y los 12 años de edad, siendo más alto el peligro conforme más se acercan a la pubertad. Y el peligro, por desgracia, está a su alrededor, ya que la mayoría de los agresores son figuras paternas, miembros de la familia y conocidos. De entre los abusos, un 20% está provocado por menores, un dato que resulta, cuanto menos, preocupante y sobre el cual incidiré en otra ocasión.

¿Por qué se prudece la agresión sexual? Porque el agresor ejerce algún tipo de coerción en la víctima a modo de amenaza, utilizando la presión, el engaño o la fuerza física, aunque ésta en menor medida, dado que los menores no suelen poner resistencia por miedo a esa figura de autoridad. Dentro de las víctimas, los niños con mayor riesgo son aquellos que no pueden resistirse o revelarlo, ya sea porque no hablan, o porque muestran retrasos físicos y/o psíquicos. También tienen un alto riesgo los menores que forman parte de un hogar desestructurado, con falta de afecto, ya que se pueden sentir halagados por la atención del agresor.

¿Quiénes son los agresores? Como hemos dicho anteriormente, el agresor sexual de menores suele ser un hombre, perteneciente al entorno del menor, que suele mostrarse protector o celoso con el ñino. Puede ser una persona aislada socialmente, consumidora habitual de drogas o alcohol y que también ha sido víctima de abusos durante su infancia. Normalmente se ausenta frecuentemente del hogar y posee baja autoestima.  A ello se le une que tiene dificultades en sus relaciones con otras parejas y que, evidentemente, posee problemas psicopatológicos. Sin embargo, también los hay embaucadores, con una personalidad atrayente y que suelen ganarse la confianza de los niños o su admiración para acercarse a ellos.

La víctima

Generalmente, la ausencia de un daño físico visible hace que el abuso en el menor sea difícil de detectar. Sin embargo, la mayoría de los niños presentan rasgos psicológicos que permiten darnos cuenta de que algo raro está sucediendo. Muchas veces los menores callan porque temen no ser creídos o  porque son amenazados por los agresores. El lavado de cerebro también entra dentro de sus tácticas. Hacen creer al menor que lo que les hacen es algo “normal” y para limpiar sus conciencias y comprar el silencio de sus víctimas les regalan chucherías, juguetes, etc. A veces las madres son conscientes de lo que sucede, pero por miedo a destrozar la familia o porque temen ser incapaces de salir adelante solas suelen callar.

A veces el abuso es descubierto años después casualmente por algún familiar o vecino, o en ocasiones lo revela el propio niño a sus amigos o profesores. Las estudios nos dicen que sólo la mitad de los niños revelan el abuso, únicamente se denuncia el 15% y tan sólo un 5% se encuentra envuelto en procesos judiciales.

Ante la opacidad del asunto, ¿cómo podemos descubrir si un menor está siendo víctima de abusos? Existen una serie de rasgos que, en conjunto, pueden ser indicativos de que  está sufriendo una agresión sexual: pérdida del apetito, llantos frecuentes (en situaciones afectivas), miedo a estar solo, a los hombres o a un determinado miembro de la familia, rechazo repentino al padre o a la madre, cambios bruscos de conducta, resistencia a bañarse o quedarse desnudo, aislamiento social, problemas escolares, fantasías o conductas regresivas (chuparse el dedo, hacerse pis en la cama), agresividad, autolesiones y, en última instancia, intentos de suicidio.

El cartel de esta ong avisa: “Ciertos recuerdos permancen para siempre”

¿Dónde solicitar ayuda?

Existen profesionales formados en al ámbito de la pediatría y la psicología que son especialistas en abusos en la infancia, que ayudan a que el niño se exprese y supere la situación vivida. También existen terapias de grupo para personas adultas que sufrieron el abuso como forma de vencer su pasado. Asociaciones como FADA, formada por psicólogos, psiquiatras y juristas, ofrecen una respuesta integral en situaciones de abuso sexual. La visita a un profesional adecuado permitirá que las secuelas a corto y a largo plazo sean menores, evitará que aquellas personas a las que se les negó disfrutar de la etapa más feliz de su vida sean mujeres y hombres con problemas psicológicos, con esquizofrenia, temerosos ante el sexo, depresivos, agresivos y lo peor de todo… víctimas convertidas en verdugos.

Fuentes: “Diario de: Infancias violadas”; Secuelas emocionales en víctimas de abuso sexual en la infancia, E.Echeburúa y P. de Corral.

Anuncios

Acerca de azacajur

Periodista en ciernes amante de la justicia y en constante búsqueda por descrubrir la naturaleza del ser humano delictivo
Esta entrada fue publicada en Entradas y etiquetada , , , . Guarda el enlace permanente.

Y tú, ¿qué piensas? ¡Nos encantaría conocer tu opinión!

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s